Un texto pequeño con implicaciones grandes
Éxodo 4:8 parece, a primera vista, un texto sencillo. Sin embargo, una traducción o lectura poco cuidadosa puede generar problemas teológicos mucho más profundos de lo que uno esperaría.
Algunas versiones expresan la respuesta de Dios a Moisés con frases como «quizá crean» o «tal vez crean». Si se toma esa formulación sin revisar el texto hebreo, fácilmente podría entenderse que Dios está expresando incertidumbre respecto a lo que sucederá.
Y de ahí pueden surgir preguntas bastante serias.
¿Dios sabe con certeza cómo responderá el pueblo? ¿Está simplemente ofreciendo distintas posibilidades esperando ver cuál funcionará? ¿Existe aquí una contingencia que limita su conocimiento del futuro? ¿Podría este pasaje utilizarse para cuestionar la doctrina de la predestinación, la omnisciencia exhaustiva de Dios o su soberanía sobre los acontecimientos?
Desde otra perspectiva, alguien podría utilizar el texto como argumento contra una comprensión reformada de la soberanía divina: si Dios dice «quizá crean», podría parecer que la respuesta humana permanece completamente indeterminada incluso para él.
Pero existe también el peligro contrario.
Quien parte de una teología reformada fuerte puede sentirse tentado a resolver inmediatamente la tensión diciendo simplemente: «Dios es soberano, por tanto el texto no puede significar incertidumbre», sin detenerse suficientemente en lo que el pasaje realmente dice.
En ambos casos se corre el mismo riesgo: permitir que el sistema teológico determine demasiado rápido la interpretación del texto.
El hallazgo del «quizá»
Por eso resulta importante regresar primero al hebreo. Moisés acaba de expresar una preocupación muy concreta:
«¿Y si no me creen?» Y es precisamente en la respuesta de Dios donde aparece un detalle lingüístico significativo.
Algunas traducciones presentan el versículo con expresiones como «quizá crean» o «tal vez crean». Sin embargo, al revisar el hebreo se observa que ese «quizá» no corresponde a una palabra explícita del texto.
La estructura es mucho más directa:
«Si no creen… creerán…» La primera cláusula contiene una condición mediante la palabra hebrea אִם (im), «si». Pero en la segunda cláusula no aparece una palabra equivalente a «quizá», «tal vez» o «posiblemente». El verbo está formulado afirmativamente: «creerán».
Esto no significa que toda versión que utilice «quizá» sea defectuosa ni que exista detrás de ella una intención doctrinal. Toda traducción implica decisiones interpretativas. Pero en este caso concreto, el «quizá» puede introducir una sensación de incertidumbre que no está expresada explícitamente en el hebreo. Y eso cambia considerablemente el tono del pasaje.
La duda está en Moisés, no en Dios
Moisés es quien teme que el pueblo no le crea. Dios no aparece compartiendo esa incertidumbre. Más bien responde a ella.
Primero le da la señal de la vara convertida en serpiente. Después, la señal de su mano afectada y restaurada. Finalmente, le proporciona una tercera señal relacionada con el agua del Nilo.
La estructura narrativa muestra una progresión de provisiones.
- Moisés plantea una dificultad.
- Dios responde.
- Moisés teme un escenario.
- Dios le muestra que incluso allí ha provisto otro medio.
Por eso, la estructura «si no creen… creerán…» puede entenderse dentro de una conversación profundamente pastoral. No es necesariamente la expresión de un Dios que desconoce lo que sucederá.
Es la respuesta de un Dios que conoce perfectamente la debilidad del hombre al que ha llamado.
El cuidado amoroso de Dios hacia su siervo
Aquí aparece algo particularmente hermoso en la narrativa.Dios no solamente había escogido a Moisés. También estaba tratando con Moisés. Su llamado no elimina inmediatamente sus temores, ni convierte a Moisés en un hombre emocionalmente invulnerable. Dios permite que formule sus objeciones y responde pacientemente a ellas.
La soberanía divina no aparece aquí como una doctrina fría o abstracta. Aparece acompañada de condescendencia, paciencia y cuidado.
Dios había determinado enviar a Moisés, pero también provee los medios necesarios para sostenerlo en ese llamado.
El lenguaje condicional no implica ignorancia
Esto ayuda además a comprender el lenguaje condicional.
En hebreo bíblico, una frase introducida por «si» no implica necesariamente ignorancia por parte del hablante. Puede describir una situación desde la perspectiva de quien deberá atravesarla.
Dios habla a Moisés dentro del mundo de posibilidades que angustia a Moisés.
Moisés pregunta: «¿Qué pasará si no me creen?» Y Dios responde dentro de esa preocupación. No porque esté aprendiendo el futuro junto con Moisés, sino porque está comunicándose con una criatura finita desde la perspectiva en que esa criatura experimentará los acontecimientos.
Soberanía divina y verdadera agencia humana
Esto permite mantener juntas varias verdades que no deberían separarse.
- La respuesta humana es real.
- Moisés debe obedecer.
- El pueblo debe creer.
Las señales funcionan como verdaderos medios dentro de la historia. Pero todo ello ocurre dentro de una misión cuyo origen y dirección pertenecen a Dios.
Así, el texto tampoco obliga a elegir entre una soberanía absoluta que convierte al ser humano en una mera ilusión y una libertad humana que convierte el futuro en algo desconocido incluso para Dios.
La narración permite hablar de verdadera agencia humana dentro del gobierno providencial de Dios.
«Y el pueblo creyó» Y el final del episodio resulta especialmente significativo.
Después de las objeciones de Moisés, después de las señales y después de su regreso a Egipto, Éxodo 4:31 declara sencillamente:
«Y el pueblo creyó».
La preocupación inicial de Moisés era real.
- Pero no tenía la última palabra.
- El llamado provenía de Dios.
- Las señales provenían de Dios.
- La misión pertenecía a Dios.
Y el pueblo creyó.
El Dios que llama también sostiene
Por eso, el pequeño descubrimiento del «quizá» termina teniendo una importancia mayor de la que aparenta, si leemos:
«Si no creen… quizá crean…» podemos escuchar a un Dios que parece estar evaluando posibilidades. Pero cuando regresamos a la estructura hebrea: «Si no creen… creerán…» la escena adquiere otro carácter.
No encontramos a Dios compartiendo la incertidumbre de Moisés. Encontramos a Dios entrando amorosamente en ella.
- El siervo duda.
- Dios reafirma.
- El siervo teme.
- Dios provee.
- El siervo mira las dificultades que podrían aparecer.
- Dios ya ha preparado el camino.
Y quizá allí esté una de las verdades pastorales más profundas de este episodio:
El Dios soberano no solamente llama a sus siervos; también los sostiene amorosamente mientras aprenden a caminar en el llamado que él mismo les ha dado.
Cristian Peña V.
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